Feminazi

No, papá, si yo estoy muy tranquila. Pero hace diez minutos eras tú el que soltabas un discurso indignado sobre la sentencia de la infanta y Undargarin, ¿verdad?
Estabas enfadadísimo con esos privilegios. Pues ahora, a ver cómo nos explicas por qué todos siguen ahí sentaditos al sol, tomando el café, asumiendo que nosotras vamos a recoger la mesa.
Dijiste que estaba todo buenísimo, ¿verdad? ¿Crees que se cocinó solo?
La diferencia es que yo te puedo argumentar todo lo que estoy diciendo, papá. Pero si llamarme feminazi es lo único que se te ocurre, no creo que tú puedas.

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